Y recuerda que has de comportarte como en un banquete:
Llega a ti algo que otros van pasando: extiende la mano y sírvete moderadamente. Pásalo de largo, no lo retengas. Aún no viene, no exhibas tu deseo y espera hasta que llegue a ti.
Así con tus hijos, con tu mujer, con los cargos, con la riqueza. Y algún día serás digno de participar en el banquete de los dioses.
Y, si no te sirves de lo que te ofrecen, sino que lo desprecias, entonces no solo participarás del banquete de los dioses, sino también de su poder. Así obraban Diógenes y Heráclito y los que se los parecían, y merecidamente eran y se los llamaba <divinos>
Con esta analogía, Epicteto plantea las claves principales del estoicismo: Vivir con serenidad y virtud. Enseñándonos que el autocontrol y la aceptación son la clave para una vida virtuosa y serena.
El Banquete: Representa la vida y todas las circunstancias, bienes, personas y oportunidades que se presentan en ella.
La Persona en el Banquete: Es el ser humano, y su actitud es la clave para la felicidad.
- Aceptar lo que se Ofrece: Si un plato (una oportunidad, un bien, una persona) pasa cerca de ti y te lo ofrecen, sírvete moderadamente. Esto significa disfrutar de lo que está disponible y en tu camino, pero sin exceso ni apego.
- No Retener lo que Pasa: Si el plato pasa de largo y no te toca, no lo retengas y no exhibas tu deseo. Esto es crucial: no te aflijas ni te desesperes por las cosas que están fuera de tu control o que no se te han concedido. Esta es la distinción estoica fundamental entre lo que «depende de nosotros» (nuestros juicios, deseos, acciones) y lo que «no depende de nosotros» (bienes externos, la opinión de otros, la vida o muerte de otros).
- La Digna Aspiración: Si logras dominar esta actitud (la de moderación al tomar y serenidad al dejar ir), Epicteto dice que serás «digno de participar en el banquete de los dioses». Más aún, si no solo no te sirves de lo que se te ofrece (por ejemplo, riquezas o poder), sino que incluso lo desprecias (en el sentido estoico de no darle valor), entonces participarás de su poder, logrando una completa tranquilidad de espíritu y libertad interior (como hicieron Diógenes o Heráclito, ejemplos de sabiduría para Epicteto).
El estoicismo nos enseña a vivir el presente con ecuanimidad y a concentrar nuestros esfuerzos solo en aquello que está bajo nuestro control: nuestra actitud y nuestra voluntad (nuestro albedrío).
La vida es un flujo de eventos; la persona sabia se comporta como un invitado atento que participa sin codicia y sin desesperación.


